La ética del cuidado

La ética del cuidado

Hand protecting a young seedling plant. A hand-colored black & white photo.

La ética del cuidado

Un niño que no se ha sentido cuidado, no cuidará a nadie…

Nico Montero.

Mientras la cumbre del clima avanza sin los avances esperados, ante un planeta que se adentra peligrosamente en un escenario de terrible crisis climática, las imágenes de los noticiarios nos sitúan ante el drama de los migrantes a la intemperie y duramente golpeados en la frontera de Polonia. Hambre, frío y muerte, un escenario dantesco, con refugiados usados como piezas de un puzle, arrojados contra las alambradas por el indolente tirano bielorruso con el único objeto de desestabilizar en lo posible a la unión europea. Ambos casos, de triste y vigente actualidad, son signos de una sociedad que no cuida, que no protege, que descuida a la naturaleza y que descuida a los seres humanos. La ausencia de la cultura del cuidado va de la mano de la cultura del descarte que olvida y abandona a los ancianos y está en la raíz de las diferentes manifestaciones de violencia y maltrato que nos golpean diariamente.

El filósofo y matemático colombiano Bernardo Toro remarca la necesidad de un cambio de paradigma educativo a través de la ética del cuidado. El paradigma del éxito, poder, ganar, acumular, ser importante… ha sido el adoptado durante varios siglos, y ha orientado gran parte de nuestras decisiones personales, familiares, sociales… de los países y de las regiones. Dicho paradigma nos pone en peligro como especie humana y pone en peligro el planeta que habitamos; al mismo tiempo, cualquier persona puede comunicarse con cualquier otra, ya que las comunicaciones de cuarta generación posibilitan encontrarnos y reconocernos como especie. Esta es la paradoja. Por un lado podemos desaparecer, y, por otro, llegar a un estado superior de humanización. ¿Cómo resolvemos esta paradoja? Con el nuevo paradigma del cuidado que implica una nueva ética: la ética del cuidado.

En ello tiene un papel fundamental la educación desde los centros educativos y desde las familias. Debemos incluir en el currículo los valores y hábitos del cuidar, de dos formas: como fin y como medio. Cuidado como fin, como objetivo; que se enseñe el auto-cuidado, el cuidado de los otros y el cuidado de nuestro hábitat natural. Cuidado como un medio, como metodología, en la que la atención y el cuidado del alumnado y del clima aula sean fundamentales. No hay aprendizajes significativos sin una relación significativa, sin un clima de cuidado y confianza en el aula.

Como señala Luis Aranguren, se trata de una ética que se deriva de una visión del mundo comprendido como una red de relaciones en la que todos se saben incompletos, frágiles y vulnerables, es decir, necesitados de cuidado y, al mismo tiempo, responsablemente orientados al cuidado de los demás. La responsabilidad del cuidado se origina en el respeto de la dignidad de las personas y procura introducir en el aula una educación críticamente despojada de la indiferencia y el individualismo, y centrada fuertemente en valores como la solidaridad, la generosidad y el compromiso con los otros, a partir de la constatación básica de que todos somos vulnerables.

Poner el cuidado en el centro de la educación nos permitirá transitar desde una pedagogía memorística a una pedagogía del cuidado, transformadora y comprometida. Hay que apostar por otra mirada, por una educación que ponga en el centro el cuidado de las personas y de la naturaleza, desplazando así el lugar preferente que ocupan los mercados, y que se oriente a la sostenibilidad de la vida y al avance de la humanidad y de la justicia social. Un niño que no se ha sentido cuidado en la escuela y en su familia, no cuidará a nadie.

TOÑO CASADO, NICO MONTERO Y UNAI QUIROS EN VALLADOLID

TOÑO CASADO, NICO MONTERO Y UNAI QUIROS EN VALLADOLID

Por nuestras venas corre sangre salesiana a raudales. Estaremos en Salesianos de Valladolid para celebrar el 50 aniversario de la presencia salesiana en esa bendita tierra. Os esperamos para un concierto memorable que cerraremos cantando juntos Toño Casado Unai Quirós y un servidor la canción «corazón salesiano»: https://youtu.be/4krVoePACXY Besotes grandes.

DOS CONCIERTOS CON BANDA

DOS CONCIERTOS CON BANDA

¡¡DOS CONCIERTOS CON TODA LA BANDA!!! Por fin puedo cantar con toda mi banda de locos!! Nos haremos más de 2200 Km en un fin de semana. De Cádiz a Villareal el viernes 19 Noviembre para nuestro concierto en la parroquia Santa Isabel, y a la mañana siguiente rumbo a Valladolid, para nuestro concierto compartido con Unai Quirós y Toño Casado en Salesianos. El Domingo rumbo de vuelta a Cádiz… Escribiremos un triángulo en el mapa… que buena metáfora que nos recuerda a Dios… Nos vemos en los caminos. Besotesss!!!

Los riesgos de vivir en «modo selfie»

Los riesgos de vivir en «modo selfie»

Los riesgos de vivir en “modo Selfie”

Nico Montero

Hace dos días saltaban las alarmas en los telediarios y los noticiarios ponían el acento en un problema cada vez de más calado y con más tragedias en su haber: los selfies mortales. Un estudio epidemiológico reciente, que se publicará próximamente en “Lee Journal of Travel Medicine”, llevado a cabo por una organización científica española,  revela que en lo que va de año ha muerto en el mundo una persona a la semana por sacarse fotos en lugares arriesgados. EL estudio concreta que los países que más fallecidos ha registrado son India, con 100, Estados Unidos (39) y Rusia (33), en una lista formada por más de 50 Estados y en la que España, con 15, comparte el sexto lugar junto a Australia. India, con sus 800 millones de celulares, tiene el récord mundial en muertes. El hecho de que tantos jóvenes en India murieran, llevó al país a establecer “zonas libres de selfies”, dieciséis de ellas en Bombay.

¿Qué está pasando por la cabeza de tantos jóvenes y adolescentes? Tras este drama creciente, se vislumbra una relación problemática y enfermiza con las redes sociales. En éstas, se premian los contenidos más extremos. El botín de hacerse un selfie muy arriesgado es incrementar la valoración social, la sensación de reconocimiento y éxito con cada like que se recibe. Esto lleva a algunos jóvenes a adentrarse en nuevas rutas de búsqueda en las que superar los límites de la cordura, para abrazar una locura temeraria que termina desembocando en una trampa mortal, una ruleta rusa donde jugarse la vida en pos de las ansiadas recompensas. Las imágenes al borde de precipicios, o tumbados en las vías mientras el tren avanza a toda máquina, se han convertido en una forma rápida de obtener un reconocimiento inmediato y superficial.

Cuando viajamos, la obsesión por hacernos fotos no nos deja disfrutar ni del paisaje, ni nos permite saborear con conciencia la belleza que nos sale al paso. Más de una vez, hemos tenido la tentación de dejar el móvil en el hotel para salir en libertad y disfrutar sin esa pesada carga de tener que posar en cada rincón o hacer de improvisado y sufrido fotógrafo. Y todo por el postureo en las redes, y acumulando fotos y más fotos que terminarán en alguna nube. Estamos tan preocupados por inmortalizar cada momento, que nos olvidamos de disfrutar del momento en sí, y de abrir todas las puertas y ventanas de nuestros sentidos, creando recuerdos inolvidables en nuestra memoria, sin duda el mejor PC para guardar instantes de felicidad.

Quizá la obsesión por los selfies de esta generación, sea síntoma de una enfermedad más grande: un narcisismo agudizado que nos hace poner el foco en nosotros, alimentando un yo voraz que no se sacia. Nos focalizamos con tanta determinación, que perdemos la perspectiva del otro, acortando nuestro campo vital de visión y nuestra capacidad de empatía. Vivimos en tiempos de mucha literatura de auto-ayuda, y nos salen al paso muchas propuestas físicas y espirituales para cuidar nuestro propio YO, y no es que uno no deba quererse, pero cuando el amor propio se torna en exclusivo y obsesivo, es para mirárselo.

Cuando vivimos en “modo selfie”, todo lo que nos pasa nos enreda en un círculo vicioso y nos atrapa en nosotros mismos, encerrándonos en un soliloquio de pensamientos, con una atmósfera de asfixia y hartazgo, que precisa algún ansiolítico para encontrar la calma. La mejor terapia para superar el exceso de referencia a uno mismo, es precisamente, salir de uno mismo y abrazar la solidaridad cotidiana como opción vital. Cuando nos miramos tanto el ombligo y nos convertimos en el centro del universo, recorremos peligrosamente la ruta del individualismo y los senderos de la  la indolencia. Se hace urgente cambiar la cámara de posición, girarla 180º y poner el foco en los otros, abrir los ojos a otra forma de mirar, ocuparnos de las personas y realidades de nuestra circunstancia. Cuanto más integremos el yo en el nosotros con una decidida responsabilidad, menos soledad, menos individualismo, y más fraternidad compartida.

«Gracias» Segunda edición.

«Gracias» Segunda edición.

En enero 2019 publicamos «Gracias» el último trabajo producido por mi querido Alfredo Arambillet. 19 canciones muy especiales para él y para mí. En estos días, fabricamos la segunda edición porque habéis tenido la generosidad de agotar la primera tirada. Gracias a todos/as por apoyar nuestro trabajo, el espíritu que lo sostiene y hacer posible esta plataforma de evangelización a través de la música.