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Mes: noviembre 2020

¿vacunas voluntarias? Nueva columna de Nico en LA VOZ DE CADIZ

¿vacunas voluntarias? Nueva columna de Nico en LA VOZ DE CADIZ

¿Vacunas voluntarias?

¿Se puede dejar al libre albedrío algo en lo que nos jugamos tanto?

Publicado en LA VOZ DE CADIZ, 27 de Noviembre 2020

Nico Montero

En los últimos días se van sumando vacunas a la propuesta de soluciones a una pandemia que nos ha dado un baño de realismo existencial y nos ha recordado, con mucha dureza y crueldad, que somos seres vivos, con gran capacidad para la cultura, pero tremendamente biológicos, sujetos a la intemperie de una condición natural que nos hace frágiles ante virus microscópicos, pero capaces de derribarnos como David a Goliat, pero sin el honor de una batalla leal, sino con la traición de una puñalada trapera que se ceba con el más débil.

Al son de las esperanzadoras noticias, los gobiernos diseñan estrategias de vacunación. Se hace público el calendario de la esperanza. Este año la primavera irrumpe en enero, que ha dejado de ser un frio e insípido mes invernal para convertirse en el comienzo de una victoria global ante el mayor reto que muchas generaciones vivirán. Los primeros en recibir la inmunización serán los residentes y el personal sanitario en residencias de mayores y discapacidad. Después, el resto de personal sanitario y los grandes dependientes. El resto de grupos se abordarán en las siguientes fases. Sobre esto algunos expertos, aportando análisis matemáticos, opinan que el orden debería ser otro y empezar por los grupos que tienen más interacción y vida social. Ahí dejo el debate para otro análisis.

En esta encrucijada, en Huesca, B.D, una empresa de tecnología médica líder en el mundo, saca músculo y se compromete a fabricar 400 millones de jeringuillas para surtir a España y otros países. Dicen que contamos con más de 13.000 puntos de vacunación con dilatada experiencia. Parece que todo juega a favor. En este punto, nuestro gobierno matiza que las vacunas se dispensarán con carácter voluntario. ¿Voluntario? Según la RAE voluntario es “un acto que nace de la voluntad, y no por fuerza o necesidad extrañas a aquella”. Y me pregunto, ¿no es una fuerza mayor y una necesidad extrema garantizar la vacunación de todos cuando nos azota una pandemia que ha matado ya a más de 40.000 españoles?

¿Por qué es voluntario? ¿Acaso son voluntarios el uso de mascarillas, el toque de queda, el cierre de comercios, los cierres perimetrales y los confinamientos? ¿Son voluntarios pagar la cuota de autónomos, hacer la declaración de la renta, pagar el impuesto de bienes inmuebles y el de matriculación? ¿Son voluntarios que los menores de 16 años asistan a la escuela, poder fumar en cualquier espacio, comprar alcohol a partir de las 22.00h y respetar las normas de circulación?¿Qué argumento hay para dejar al libre albedrío algo en lo que nos jugamos tanto? ¿Da miedo el impacto estético de una vacunación obligatoria? ¿Acaso la mayoría de españoles no hemos sido dóciles a cada decisión que coartaba nuestra libertad? Un Estado de derecho se dota de normas para que el bien colectivo prime sobre cualquier interés particular. Según algunos estadistas, de ser voluntaria, en España un 25% de la población no se vacunaría. ¿Podemos permitir que millones de españoles no reciban la inmunización y se conviertan en candidatos a contagiarse y a contagiar? ¿Y si soy del 5% a los que la vacuna no hace efecto?

Decía hace unos días el omnipresente Fernando Simón, qué si un porcentaje alto de la población se negara a vacunarse, Sanidad podría decretar la obligación. Parece que el parche está preparado, pero ¿para qué arriesgarse con una decisión a destiempo cuando se tienen las herramientas y la legitimidad para garantizar el cumplimiento desde el primer momento?

CRÓNICA DE UNA SEMANA DE CONTRASTES

CRÓNICA DE UNA SEMANA DE CONTRASTES

Crónica de una semana de contrastes, NICO MONTERO

Publicado en LA VOZ DE CADIZ. 14 NOVIEMBRE 2020.

Días vertiginosos, llenos de sobresaltos y con muchos frentes abiertos. Hemos asistido, en un estrecho margen de tiempo, a acontecimientos genuinos que han inundado las redes sociales con la intensidad de un Tsunami. La semana abría con el espectáculo de las dilatadas elecciones “Made in USA”, donde se evidenciaba que la potencia tecnológica no lo es tanto cuando tiene tal dependencia de la papeleta y de la figura del escrutador, que cual monje del Medievo, tras juramento, manipula cada papeleta como pergamino de valor incalculable, contando una a una, sufridamente, hasta el hartazgo más sublime. Asistimos, en esa misma coyuntura plebiscitaria, al bochornoso espectáculo de un derrotado sin encajarlo, que como niño sin juguete, sembraba la crispación entre millones de estadounidenses, ya de por sí muy polarizados, arremetiendo contra el propio sistema que le llevó un día a ser presidente, y ahora, a dejar de serlo.

Mientras esto sucedía más allá del Charco, en el charco, miles de inmigrantes llegaban a Canarias, donde se ha multiplicado el advenimiento de pateras y cayucos a las costas de las islas y las carpas del muelle de Arguineguín han vuelto a desbordarse. Y mientras Cruz Roja advertía de una situación insostenible, en Andalucía y en casi toda España, se decretaban las nuevas medidas, apretando, aún más, la difícil situación de tantas familias y asfixiando el tejido económico, tan quebrado y con tantos comercios a la intemperie… algo solo soportable por ser en pos de un bien mayor: la salud. Y en ese preciso instante de desasosiego, superando incluso los 400 muertos al día, nuestros dirigentes nos sorprenden con la brillante idea de crear un ministerio de la verdad… ¡con la que está cayendo! ¿Es que no conocen la palabra “prioridad”? Menuda pantomima para solucionar un problema del que son parte y que ellos mismos han alimentado con sus vaivenes. Con tanto descrédito acumulado, hay que tener el morro duro, como la piel de choco, o la poca vergüenza de un noruego cantando por Camarón, para erigirse en censor de lo bueno y lo bello. Miedo me da. Precisamente cuando alguien se ha creído en posesión de la verdad se han producido los mayores abusos contra la libertad. Ortega lo concretaba magistralmente: Cada ser humano es un punto de vista del Universo. ¿Qué es la verdad? En todo caso, lo más cercano a la verdad es la suma de todos los puntos de vista, y como eso no está al alcance de nuestro pobre intelecto humano, no nos queda otro camino que abrazar la tolerancia y el respeto como el credo de nuestro proceder.

Pero si me piden que diga qué es la verdad en los tiempos que corren, lo tengo clarísimo: la verdad es la ciencia, que es quién nos salvará de esto. Esta semana nos sorprendió una noticia que tuvo el mismo brillo de unos fuegos artificiales en las fiestas del pueblo: la vacuna de la Covid dejó de ser un anhelo para ser una realidad inminente. Las bolsas se dispararon, porque es muy sensible a lo que nos pasa (nótese la ironía). Y como siempre, para nuestra vergüenza, ¡qué poco invertimos en ciencia y cuánto en chuminadas! Ojo al dato: los inventores de la vacuna son un humilde matrimonio de origen turco, formados en la Universidad del Sarre en Homburgo. Decía mi querido Nietzsche que la ciencia es una forma de nihilismo porque elimina a Dios pero nos deja vacíos y sin un horizonte de sentido… pues puede que ni lo uno ni lo otro. Mi admirado Nietzsche, hoy la ciencia nos llena de esperanza y a mí me entran ganas de abrazar a tantos locos de la probeta, que investigan con las migajas presupuestarias y mucho tesón, y de paso dar gracias a Dios por inspirar tanta sabiduría en tiempos de calamidad.