¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

Nico Montero

Nunca te seguí y ahora menos, Rubius. Supongo que te dará igual un follower más o cien menos, teniendo tras de ti a una legión tan amplia de seguidores incondicionales. Tienes más adeptos que el número de habitantes de muchos países. Lo tuyo es, sencillamente, alucinante. Cuarenta millones de seguidores en youtube y otros tantos millones en otras plataformas. Nueve mil millones de reproducciones de tus vídeos,  y a tu cuenta bancaria, el saldo nada despreciable de más de dos millones y medio de euros al año. Algo debemos estar haciendo mal como sociedad para que esto ocurra y te embolses cada año el presupuesto de sanidad o educación de muchos pueblos de España. O tú eres muy listo, o los demás somos muy tontos.

Al conocer tus mega datos, vuelvo la mirada a mis alumnos de secundaria. Mientras va madurando en sus mentes la cultura del sacrificio para poder aspirar a una formación y un trabajo que les permita ganarse el pan de cada día, lo que tú representas hace que la fuerza moral para reclamar constancia y esfuerzo pierda fuelle y se vuelva, cuando menos, quijotesca. Lo más penoso de tu riqueza es que, para más inri, no crea empleo ni trabajo a tu alrededor. Desde la soledad de tu habitación te pones a jugar y a improvisar, a grabar tus ocurrencias y transmitir tu credo, desde el púlpito de la mediocridad. Y en esta sociedad, que necesita becerros de oro a los que adorar, te conviertes en paradigma, modelo y referente. Ahora todos los niños quieren ser youtuber o influencer, y dar, como tú, el pelotazo.

Ojo, que no te echo la culpa de todo esto. Antes que tú, otros han mostrado el camino de la indecencia. Los precursores del “millonarismo” son futbolistas, cantantes, estrellas de cine y televisión, piezas del puzzle de los intereses creados en una sociedad enferma. Mitos sobrevalorados y sobre-pagados, con el beneplácito de la chusma no selecta y fanática que se mira en ellos como la proyección de su anhelo y a la vez, de su frustración.

Ahora, para seguir dando ejemplo, te vas a Andorra porque no quieres pagar lo que debes en función de tu fortuna. Quizá no pensaste que la pensión de tus abuelos, el paritorio dónde naciste, las calles que pisaste, las escuelas que te formaron, los hospitales que te atendieron, las aceras y las carreteras, los semáforos, los trenes y sus vías, los aeropuertos y las estaciones, los médicos y los policías,  los maestros… todo eso y más, se pagó con nuestros impuestos. Toda esa red que nos cobija fue posible gracias a la tributación de los padres y abuelos de muchos de tus adolescentes fans. Lo que tú eludes era la única posibilidad de resarcirte un poco y devolver el favor a la sociedad que te encumbró y te hizo millonario. Ahora ni eso. Tu ambición es tan vieja como la humanidad. Amas amasar riqueza y en ese credo no tiene cabida la corresponsabilidad con tus paisanos en buscar el bien común. Quizá ocurre que no tienes conciencia social, porque vives en una habitación, pegado a un ordenador, y pensando que ese es el único mundo, y que tú eres su dios.

El único consuelo para los que nos quedamos aquí sin abandonar el barco, es que cuando dejes de ser “El Rubius” y vuelvas a ser Rubén Doblas, y te hagas mayor, no tendremos que pagar tu pensión, ni tu asistencia sanitaria, ni tus medicamentos, ni la posible dependencia, ni cualquier otra atención. Aunque, quién sabe, las fortunas también se malogran y la vida da muchas vueltas. Dice el refrán: Todo lo que sube, baja. Sea como sea, entonces, no vengas a España. Ten dignidad, quédate en Andorra, y no vengas aquí a vivir de gorra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *