El ministerio de la Soledad, Nico Montero

El ministerio de la Soledad, Nico Montero

El Ministerio de la Soledad

Publicado en LA VOZ DE CADIZ, 30/04/2021

Nico Montero

La soledad en Japón es más letal que el covid-19. En la séptima potencia mundial se ha registrado un importante incremento en el número de suicidios provocado por la pandemia y el confinamiento. Por ello, y como medida para frenarlo, se ha decidido crear un ministerio para tratar estos asuntos: El ministerio de la soledad. Se calcula que cerca de 20.000 personas se suicidaron durante el último año y hay una tendencia al alza del suicidio femenino. La pandemia ha convertido a las mujeres en un colectivo más vulnerable, ya que trabajan mayoritariamente en sectores como el turismo, el comercio y los servicios, todos ellos muy afectados por las restricciones. La pérdida de empleo, la reducción de salarios y el aumento de la violencia doméstica, al pasar más tiempo aisladas con su maltratador, han pasado factura. Y a este panorama desolador se suma que casi 500 menores se quitaron la vida.

La mayoría de jóvenes con ideas suicidas dicen sentirse solos. El sentimiento de soledad ha doblado su incidencia en los últimos meses a consecuencia de la pandemia, y se ha agudizado esta dilatada enfermedad, más silenciosa, que nos acompaña desde hace años y que no deja de crecer: la soledad. En la era de las redes sociales, de la conectividad, son cada vez más los que se sienten solos. Cientos de amigos en el WhatsApp o muchos likes, pero poca sustancia en las relaciones. Puede que éstas se estén deteriorando y sean tan efímeras como un selfie. Estamos en un proceso de individualización galopante, cada vez más solos y con relaciones menos comprometidas.

En este contexto, los mayores son la parcela más frágil y abandonada. En nuestro país, hay 4,7 millones de hogares unipersonales, dos millones de personas mayores de 65 años viven solas y casi un millón y medio son mujeres. Duele cuando el noticiario relata que los bomberos han tenido que acceder a una vivienda para encontrar el cadáver de un anciano, fallecido en la más absoluta soledad semanas antes. ¿Dónde estaba la familia, dónde los vecinos? En mi calle tenemos una abuela, la abuela del barrio. Vive en el bajo, junto a mi portal. Siempre sola, siempre en la ventana reclamando la atención de los que pasan. Dice tener un hijo, al que no he visto en 12 años, que ni está ni se le espera. Ha surgido una red solidaria en el barrio. Cada cual se deja caer por su ventana, siempre hay una excusa para charlar un poco, tirarle la basura o hacerle algún recado. La abuela tiene al menos su ventana de salvación, junto a la concurrida acera. Pero hay tantos ancianos cautivos de una soledad extrema, sin ventanas por las que colarse el afecto y la cercanía, que da mucha tristeza pensarlo.

Ante el reto de la soledad, hacen falta familias más solidarias y agradecidas con los mayores. Un compromiso que se traduzca en tiempo real y dedicación. También se precisa de una buena vecindad, para que los barrios sean redes humanitarias, superando la indolencia que nos hace extraños y ajenos. ¿Cuántas pandemias vamos a necesitar para aprender a ser mejores seres humanos y a entender cuánto nos necesitamos? Es fundamental seguir trabajando educativamente con los adolescentes y jóvenes en la importancia de la construcción de una sociedad más inclusiva, poniendo en valor a los mayores como referentes y evitando que sean percibidos como cargas. Los valores humanistas, la empatía, la compasión y la solidaridad tienen mucho que ver con qué tipo de sociedad queremos construir. ¿De qué nos sirve ir a Marte si somos incapaces de hacer de la tierra un lugar cálido y fraterno donde nadie se sienta solo? Una sociedad ingrata que da la espalda a sus mayores es, sencillamente, despreciable.

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