EL GRAN CARAJAL

EL GRAN CARAJAL

Publicado en LA VOZ DE CÁDIZ, 28-05-2021

Nico Montero

No es para tomarlo a la ligera. Cuando ocho mil seres humanos, entre ellos mil quinientos menores, se la juegan trepando vallas, o se lanzan al mar, en muchos casos sin saber nadar, para cruzar la frontera con torpes brazadas, bordeando un peligroso espigón, es síntoma de que el país vecino, Marruecos, no es la idílica y mítica Casablanca que inmortalizara Humphrey Bogart, y que se vende a los turistas, sino un estado sin alma del que salir huyendo cuánto antes.

Hay que tener pocos escrúpulos para tratar así a los tuyos. No vimos a los habituales subsaharianos que cruzan en pateras los desiertos de la mar y la sal. Eran marroquíes, niños, mujeres, jóvenes… escapando a la desesperada, en busca de pan, trabajo y libertad.

La Playa del Tarajal ha sido el escenario de la vergüenza, convirtiéndose en el enclave de un espectáculo bochornoso, propio de la más grande necedad humana: La estupidez. Dicho en gaditano: lo ocurrido en Ceuta ha sido un gran carajal. Y aunque carajal significa según la RAE: “embrollo”, aquí le damos una nueva acepción: la concurrencia de carajotes. En esta ocasión, hemos contado con expertos carajotes aportando su indecencia y su poca materia gris para alimentar un viejo prejuicio: junto con marruecos, somos el culo de Europa.

El detonante: La chapuza de nuestra diplomacia. España es un país soberano con un Gobierno elegido democráticamente. Puede tomar las decisiones que considere en materia de política exterior, estemos de acuerdo o no, y no necesita hacerlo a escondidas. La decisión de que el líder del Polisario entrara en España bajo una identidad falsa es de las que hacen incurrir en el ridículo más espantoso a toda la administración española.

Mal, muy mal Mohamed VI, y su policía. Las personas no pueden ser nunca moneda de cambio en una disputa política. Si, además, es tu pueblo el que manipulas movido por tus fines, por tu indigesta cólera y tu pueril ataque de orgullo, propio de un rey caprichoso, multimillonario y trasnochado, el comportamiento doloso se vuelve fratricida y canalla. El Ser humano es siempre lo primero, por encima de cualquier consideración, de toda circunstancia y en toda coyuntura.

Mal, muy mal Vox, y sus voceros. Rentabilizar el drama humano y la desesperación para sacar rentabilidad política es rastrero. Crear una alarma invasora, y criminalizar nuevamente a los migrantes, es otra muestra del pelaje moral y del discurso al que nos tienen acostumbrados, pero ante el que no podemos claudicar ni callar.

Bien, muy bien el ejército español, fuerzas de seguridad, cruz roja, protección civil, los voluntarios y cuantos auxiliaron y dieron lo mejor de sí mismos para que la dignidad de las personas estuviera garantizada, y de manera especial, que los menores estuvieran atendidos y a salvo.

Bien, muy bien la ciudadanía de Ceuta, acostumbrada a convivir en un mosaico multicultural de diversidad religiosa, consolidado con armonía. Hoy, el telediario abría con las imágenes de una familia ceutí cocinando un guiso, en un gran perol, para dar de comer a unos jóvenes que andaban pululando entre las rocas de la playa. Esa es la Ceuta real, la que acoge, la ciudad inclusiva y solidaria. Ceuta, mestiza y variada, símbolo de integración y convivencia.

Lo decía Vargas Llosa al recibir el Premio Convivencia: “En Ceuta conviven cristianos, musulmanes, judíos… conviven en la colaboración, en la amistad, en la solidaridad, y no hay violencia. Lo que hay es un ejemplo que España, Europa, el mundo entero debería seguir. Aquí está la prueba de que esa convivencia en la diversidad es posible, de que esa convivencia no trae violencia, fracaso, frustración sino, por el contrario, es una credencial magnífica y es también una forma de convivir que garantiza el desarrollo y el progreso, una manifestación flagrante de esa cosa hermosa y bella que es la civilización”.

No existe alternativa a la convivencia.

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