La felicidad como punto de partida

La felicidad como punto de partida

La Felicidad como punto de partida.

Nico Montero.


Y como cada mes de diciembre, el calendario nos va adentrando en la Navidad. Y en unos días, la palabra más repetida será “felicidad”. Se escucharán y se regalarán mensajes de felicitación, deseos felicidad repetidos por doquier, una felicidad tantas veces deseada, pretendida, buscada, que ahora queremos regalar a los demás, aunque pueda que a veces carezcamos de ella.


Lo dijo Aristóteles hace más de 2000 años. Sobre todas las cosas, sobre todos los intereses, los seres humanos buscamos la Felicidad. La mayor esperanza de cada ser humano es ser feliz en dosis mayúsculas. Y es imposible ser feliz cuando la realidad que me circunda está repleta de situaciones de infelicidad, injusticia y sufrimiento. Decía el filósofo español Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Por eso, en esta gran red de redes que es la humanidad, nuestra felicidad y nuestra esperanza van de la mano de la felicidad y la esperanza de nuestros compañeros de viaje en la aventura de vivir.


La felicidad no se alcanza desde una actitud pasiva. No es algo que venga a nosotros, mientras esperamos plácidamente en nuestra zona de confort. No es tampoco un sentimiento mágico e infantil que nos aleja de la realidad con sueños ilusorios mientras no transformamos nuestra circunstancia para hacerla más positiva. Tampoco es optimismo hedonista que asienta la felicidad en el placer egoísta e insolidario de la cultura del bienestar llevado al más alto grado de materialismo, que después pasa factura generando tanto vacío y frustración en numerosas ocasiones. La felicidad no es un artículo que se compra en los supermercados o que se despacha en los consultorios. No se administra en pastillas ni se obtiene con el consumo de estupefacientes, que nos alejan de nuestra vida y nos evaden de nuestro contexto vital.


Se nos ha educado en la felicidad como finalidad, de manera que orientamos todas nuestras acciones para conseguirla, y cuando nuestras acciones fracasan la felicidad se esfuma de nuestro horizonte dando la bienvenida a la frustración. Quizá, el paradigma deba girar 180º, de manera que la felicidad sea el punto de partida desde donde vivir, dando la vuelta a la ecuación, de forma que no hagamos cosas para serlo, sino que decidamos serlo para hacer las cosas de otra manera. Así entendida, la felicidad es una decisión personal, es el punto de partida, una actitud vital, pensada y asumida, una forma genuina de situarse activamente en el mundo y afrontar la vida con intensidad y valor, viviendo desde lo positivo. Hay que levantarse por las mañanas, mirarse al espejo mientras el café se va haciendo y su olor todo lo invade, y decirse con determinación: “Hoy voy a ser feliz”. Y desde esa felicidad, asumida como credo, arraigada como origen y no conceptualizada como final, salir al mundo para vencerlo frente a cualquier contratiempo e infortunio, que nunca será más fuerte que la muerte… y si es la muerte la que nos visita, nunca será peor que no haber vivido.


No es nada fácil lo que escribo, porque no todo está en nuestra mano y cada día tiene su afán y nos envuelve en su rutina, pero nuestra alegría no puede depender siempre de lo que viene de afuera, de lo otro, sino que la esperanza debe brotar dentro de nosotros como opción y ser una óptica desde la que transformar hasta lo más adverso de lo cotidiano. Se trata nada más y nade menos de trazar un proyecto de vida, de encontrar el leit motiv que sea la motivación conductora de nuestros pasos. He ahí el reto: dotar nuestra vida de sentido, desde dentro, desde lo más profundo de nuestro ser.


La felicidad no se alimenta en la soledad ni es posible desde el individualismo, por ello se funde con la solidaridad y se mezcla con el compromiso por la justicia, convirtiéndose en una fuente de energía que se transmite en todas direcciones y que prende la tierra de fraternidad e igualdad. Creo firmemente en ese concepto comprometedor de la felicidad, que es entendida como apuesta por la revolución del amor y de la fraternidad, como conquista diaria, y como opción personal por SER FELIZ y hacer FELICES a los que nos rodean.

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