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Día: 27 de julio de 2022

INVOLUCIÓN

INVOLUCIÓN

INVOLUCIÓN

Nico Montero

El ser humano sigue su camino de involución hacía la destrucción de su entorno y de sí mismo

Estos días asistimos con pesar a las tristes imágenes que abren los telediarios y son portada de los grandes noticiarios. España arde sin control con una serie de incendios que afectan principalmente a Castilla y León, Extremadura, Galicia y Cataluña. Todo hace presagiar unos próximos días muy complicados, con el fuego avivado por las altas temperaturas y las fuertes rachas de viento. En lo que llevamos de año, se han calcinado en España 80.000 hectáreas, un drama que afectará a varias generaciones. La tragedia mayor es la pérdida de vidas humanas, como ha sucedido en Zamora, donde han fallecido un brigadista en acto de servicio, un ganadero que pastoreaba sus reses, además de otra persona desaparecida.

El índice que mide el riesgo meteorológico de fuego en España ha crecido un 23% en 40 años. La clave: temperaturas altas y poca lluvia que influyen en la sequedad de las plantas, combustible para que los bosques ardan. El cambio climático y el abandono rural son algunas de las causas detrás de unos incendios que, de no poner remedio de inmediato, serán cada vez más grandes y destructivos. Se ha establecido un peligroso círculo vicioso del cambio climático y los incendios forestales. En primer lugar, el cambio climático favorece las condiciones para la propagación de grandes incendios: temperaturas más altas, olas de calor, sequedad y aridez. Por otro lado, las temporadas de alto riesgo de incendios se alargan cada vez más y se registran grandes incendios que emiten CO2, al liberar gran cantidad de carbono almacenado por los árboles durante décadas o siglos. A su vez, las emisiones de CO2 que provocan los incendios crecen al arder cada vez más extensiones de monte, durante más tiempo y más frecuentemente. Y para cerrar el círculo, los gases de efecto invernadero que se han generado durante los incendios alimentan la crisis climática que favorece la extensión del fuego. En definitiva, el cambio climático conlleva una peligrosa combinación de temperaturas altas y escasas precipitaciones que influyen en la sequedad de las plantas. Y así se convierten en combustible para que, si salta la chispa, los bosques ardan virulentamente.

Para evitar los incendios y sus consecuencias, tanto brigadas forestales como técnicos medioambientales piden una mejor gestión de los montes. Además de la falta de prevención, denuncian que los medios para atender los fuegos son insuficientes. Los incendios que se están produciendo se podrían apagar en las primeras horas si hubiera medios adecuados.

Para colmo, la ignición en España está provocada muy mayoritariamente por los humanos. En torno al 75% de estos se inician por negligencias y el resto intencionadamente. Entre las negligencias, la mayoría se producen al quemar restos agrícolas y forestales que escapan al control. Otros de los incendios negligentes comienzan al manejar maquinaria cuando las condiciones son de riesgo.  Y en algunos casos, se busca simplemente causar daño o son el resultado de un trastorno mental.

A la luz de todo esto, ¿Quién está detrás del cambio climático, de los incendios, de la deforestación, del efecto invernadero? No busquen en Marte, ni consideren que se trata de una venganza de la naturaleza, ni crean que es un castigo divino. Es clara y distintamente fruto de la estupidez humana. El ser humano sigue su camino de involución hacía la destrucción de su entorno y de sí mismo. Para más inri, la maldita guerra de Putin y su amenaza de cortar el gas, pone sobre la mesa la opción de carbonizar más Europa, en detrimento de las energías renovables y perpetuando así el daño y el desequilibrio ecológico. Aun estamos a tiempo. Hace falta algo más que voluntad política, hacen falta líderes económicos y políticos que apuesten definitivamente por la sostenibilidad, y también es crucial la responsabilidad individual de cada ser humano en su gestión cotidiana de los recursos. Es la hora de una respuesta global y personal en la que nos jugamos el futuro de nuestros hijos.