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Mes: junio 2021

GRADUADOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA

GRADUADOS EN TIEMPOS DE PANDEMIA

El curso pasado muchas hornadas de niños y adolescentes finalizaron sus etapas educativas por la puerta de atrás. No tuvieron la oportunidad de celebrarlo con las ceremonias, siempre emotivas y necesarias, de las graduaciones. Durante este mes de junio, los actos de graduación han vuelto a los centros. Con todos los protocolos, se ha recuperado una tradición muy significativa para las comunidades educativas, un momento cargado de simbolismo y emociones en el que se celebra y se pone en valor el esfuerzo del alumnado, la corresponsabilidad de las familias y la impagable labor de los docentes. En definitiva, se levanta acta de la vida compartida durante muchos cursos académicos, una historia conjunta tejida por los éxitos y también por los sinsabores que marcaron el camino de todos y de cada uno.

Hoy más que nunca son justas y necesarias las graduaciones que se desarrollan por toda nuestra geografía, desde el último pueblo manchego a la capital más cosmopolita, desde el humilde colegio de barrio a la escuela más elitista. En tiempos de una gran desafección de la los jóvenes por las cuestiones sociales o políticas, preocupados más en estar al día de lo último en tik tok y dedicados en cuerpo y alma al consumo de las nuevas tecnologías, quién nos iba a decir que esta pandemia colocaría a los adolescentes y jóvenes en su hora más transcendente. Con esta pandemia llegó la hora de poner en valor una actitud vital, tantas veces apelada, tantas veces reclamada y siempre por estrenar: La responsabilidad.

Después de seis meses alejados de la escuela, al fin volvían para reivindicar un espacio que es mucho más que un lugar, es una casa, su casa. Con mucha imaginación y creatividad, los equipos directivos diseñaron planes y protocolos, creando espacios seguros e inspirando la confianza de las familias. En esta encrucijada, el profesorado y el personal de administración y servicios, tuvo que tragarse el miedo y sobreponerse  al lógico respeto que da encerrarse en discretas y pequeñas aulas con 25 o más alumnos durante jornadas de 5 o 6 horas diarias. Era el momento de volver a asumir la enorme tarea y responsabilidad social de los maestros y maestras de escuela, los profesores y profesoras de aquí y de allá, echándose a las espaldas la custodia mañanera de tantos niños y niñas, adolescentes y jóvenes, en tiempos de pandemia.

Ha sido sorprendente lo bien que lo ha llevado el alumnado de todas las edades y niveles. Son los que más esfuerzo han tenido que hacer, porque en pleno crecimiento, cuando más explosivo se es, han tenido que canalizar toda su energía, primero en un confinamiento, después en las rutinas cotidianas de los centros educativos. Desde el minuto uno, fueron disciplinados y obedientes. Aceptaron soportar la larga jornada escolar con sus mascarillas, respetando los protocolos, las distancias, asumiendo recreos sin juegos, sectorizados y separados. Y en el frío invierno, cuando las ventanas abiertas se convertían en un insufrible castigo, lo sobrellevaron con deportividad. 

Si el profesorado y el alumnado han superado este reto con excelencia, las familias no se quedado atrás. Han tenido que superar los miedos iniciales, humanos e involuntarios, y confiar en los centros y en los docentes. Sin duda, los centros educativos han sido el gran motor que ha generado mayor disciplina social. Los hábitos inculcados en la escuela han transcendido a ésta y han consolidado rutinas y valores que han sido asumidos por la mayoría de los alumnos en su vida diaria. Y a su vez, se han proyectado a las familias, a los barrios, a las ciudades, como una red de transmisión de valores que asienta su caudal en todos y en todo lo que hacemos. Graduado, te ganaste la mejor de las becas, y el mayor diploma, nuestro eterno agradecimiento.

Nico Montero

EL GRAN CARAJAL

EL GRAN CARAJAL

Publicado en LA VOZ DE CÁDIZ, 28-05-2021

Nico Montero

No es para tomarlo a la ligera. Cuando ocho mil seres humanos, entre ellos mil quinientos menores, se la juegan trepando vallas, o se lanzan al mar, en muchos casos sin saber nadar, para cruzar la frontera con torpes brazadas, bordeando un peligroso espigón, es síntoma de que el país vecino, Marruecos, no es la idílica y mítica Casablanca que inmortalizara Humphrey Bogart, y que se vende a los turistas, sino un estado sin alma del que salir huyendo cuánto antes.

Hay que tener pocos escrúpulos para tratar así a los tuyos. No vimos a los habituales subsaharianos que cruzan en pateras los desiertos de la mar y la sal. Eran marroquíes, niños, mujeres, jóvenes… escapando a la desesperada, en busca de pan, trabajo y libertad.

La Playa del Tarajal ha sido el escenario de la vergüenza, convirtiéndose en el enclave de un espectáculo bochornoso, propio de la más grande necedad humana: La estupidez. Dicho en gaditano: lo ocurrido en Ceuta ha sido un gran carajal. Y aunque carajal significa según la RAE: “embrollo”, aquí le damos una nueva acepción: la concurrencia de carajotes. En esta ocasión, hemos contado con expertos carajotes aportando su indecencia y su poca materia gris para alimentar un viejo prejuicio: junto con marruecos, somos el culo de Europa.

El detonante: La chapuza de nuestra diplomacia. España es un país soberano con un Gobierno elegido democráticamente. Puede tomar las decisiones que considere en materia de política exterior, estemos de acuerdo o no, y no necesita hacerlo a escondidas. La decisión de que el líder del Polisario entrara en España bajo una identidad falsa es de las que hacen incurrir en el ridículo más espantoso a toda la administración española.

Mal, muy mal Mohamed VI, y su policía. Las personas no pueden ser nunca moneda de cambio en una disputa política. Si, además, es tu pueblo el que manipulas movido por tus fines, por tu indigesta cólera y tu pueril ataque de orgullo, propio de un rey caprichoso, multimillonario y trasnochado, el comportamiento doloso se vuelve fratricida y canalla. El Ser humano es siempre lo primero, por encima de cualquier consideración, de toda circunstancia y en toda coyuntura.

Mal, muy mal Vox, y sus voceros. Rentabilizar el drama humano y la desesperación para sacar rentabilidad política es rastrero. Crear una alarma invasora, y criminalizar nuevamente a los migrantes, es otra muestra del pelaje moral y del discurso al que nos tienen acostumbrados, pero ante el que no podemos claudicar ni callar.

Bien, muy bien el ejército español, fuerzas de seguridad, cruz roja, protección civil, los voluntarios y cuantos auxiliaron y dieron lo mejor de sí mismos para que la dignidad de las personas estuviera garantizada, y de manera especial, que los menores estuvieran atendidos y a salvo.

Bien, muy bien la ciudadanía de Ceuta, acostumbrada a convivir en un mosaico multicultural de diversidad religiosa, consolidado con armonía. Hoy, el telediario abría con las imágenes de una familia ceutí cocinando un guiso, en un gran perol, para dar de comer a unos jóvenes que andaban pululando entre las rocas de la playa. Esa es la Ceuta real, la que acoge, la ciudad inclusiva y solidaria. Ceuta, mestiza y variada, símbolo de integración y convivencia.

Lo decía Vargas Llosa al recibir el Premio Convivencia: “En Ceuta conviven cristianos, musulmanes, judíos… conviven en la colaboración, en la amistad, en la solidaridad, y no hay violencia. Lo que hay es un ejemplo que España, Europa, el mundo entero debería seguir. Aquí está la prueba de que esa convivencia en la diversidad es posible, de que esa convivencia no trae violencia, fracaso, frustración sino, por el contrario, es una credencial magnífica y es también una forma de convivir que garantiza el desarrollo y el progreso, una manifestación flagrante de esa cosa hermosa y bella que es la civilización”.

No existe alternativa a la convivencia.