En pie de guerra contra la violencia de género.
De los muchos documentos y artículos que pululan por la red en estos días, os dejo con una carta del amigo Carlos, un obispo con muchas luces, sobrada humanidad y una pluma exquisíta. ¡qué lástima que no lo hicieran papa en el último cónclave!
En la web de mi instituto www.iesbahiacadiz.net podréis ver las actividades que vamos a desarrollar para prevenir y aprovechar educativamente la fecha.
Os dejo con Carlos, un abrazo. NICO.
Para Dios, como buen Padre, lo más querido son siempre sus hijos. Cuida de ellos y los protege con la mejor de las ayudas: poniendo en el corazón de los suyos la ley del amor, del respeto al valor y dignidad de cada uno. Con una conciencia y unas normas de conducta moral que serán luz imprescindible para las relaciones entre las personas que fueron creación suya.
Lo que Dios ha engrandecido, la persona, el hombre y la mujer, que no lo empequeñezca el odio entre hermanos, la violencia entre ellos, la humillación del más débil, la indiferencia ante el dolor de quien vive en la misma casa, la injusticia de no reconocer los derechos inviolables de la persona.
Se ha llamado de muchas maneras: «violencia de género», «violencia doméstica», «violencia contra la mujer», «violencia machista»… La violencia es siempre una agresión injustificable, que no necesita apellido alguno para ser inadmisible y merecedora del mayor de los desprecios. Y no solo esa violencia a la mujer en el matrimonio, en la familia, en la casa, sino en el trabajo y en la misma sociedad.
La violencia de género es especialmente reprobable porque va unida a una tortura cruel, tanto física como moral, que acaba destruyendo a la misma persona y degrada las relaciones afectivas, matrimoniales, familiares y sociales. Una violencia y una tortura moralmente inaceptables, inhumanas y delictivas.
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