Entrevista a Nico Montero en El Andén, Canarias.

Entrevista a Nico Montero en El Andén, Canarias.

En este enlace la entrevista completa para El anden, Canarias, con motivo de la inminente Fiesta de D.Bosco y lo que significa en mi vida. Hablamos de música, fe, experiencias… un placer sentirme tan hermanado con tanta buena gente canarias desde hace tantos años!!

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¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

¡Que te vaya bien tu vidorra en Andorra!

Nico Montero

Nunca te seguí y ahora menos, Rubius. Supongo que te dará igual un follower más o cien menos, teniendo tras de ti a una legión tan amplia de seguidores incondicionales. Tienes más adeptos que el número de habitantes de muchos países. Lo tuyo es, sencillamente, alucinante. Cuarenta millones de seguidores en youtube y otros tantos millones en otras plataformas. Nueve mil millones de reproducciones de tus vídeos,  y a tu cuenta bancaria, el saldo nada despreciable de más de dos millones y medio de euros al año. Algo debemos estar haciendo mal como sociedad para que esto ocurra y te embolses cada año el presupuesto de sanidad o educación de muchos pueblos de España. O tú eres muy listo, o los demás somos muy tontos.

Al conocer tus mega datos, vuelvo la mirada a mis alumnos de secundaria. Mientras va madurando en sus mentes la cultura del sacrificio para poder aspirar a una formación y un trabajo que les permita ganarse el pan de cada día, lo que tú representas hace que la fuerza moral para reclamar constancia y esfuerzo pierda fuelle y se vuelva, cuando menos, quijotesca. Lo más penoso de tu riqueza es que, para más inri, no crea empleo ni trabajo a tu alrededor. Desde la soledad de tu habitación te pones a jugar y a improvisar, a grabar tus ocurrencias y transmitir tu credo, desde el púlpito de la mediocridad. Y en esta sociedad, que necesita becerros de oro a los que adorar, te conviertes en paradigma, modelo y referente. Ahora todos los niños quieren ser youtuber o influencer, y dar, como tú, el pelotazo.

Ojo, que no te echo la culpa de todo esto. Antes que tú, otros han mostrado el camino de la indecencia. Los precursores del “millonarismo” son futbolistas, cantantes, estrellas de cine y televisión, piezas del puzzle de los intereses creados en una sociedad enferma. Mitos sobrevalorados y sobre-pagados, con el beneplácito de la chusma no selecta y fanática que se mira en ellos como la proyección de su anhelo y a la vez, de su frustración.

Ahora, para seguir dando ejemplo, te vas a Andorra porque no quieres pagar lo que debes en función de tu fortuna. Quizá no pensaste que la pensión de tus abuelos, el paritorio dónde naciste, las calles que pisaste, las escuelas que te formaron, los hospitales que te atendieron, las aceras y las carreteras, los semáforos, los trenes y sus vías, los aeropuertos y las estaciones, los médicos y los policías,  los maestros… todo eso y más, se pagó con nuestros impuestos. Toda esa red que nos cobija fue posible gracias a la tributación de los padres y abuelos de muchos de tus adolescentes fans. Lo que tú eludes era la única posibilidad de resarcirte un poco y devolver el favor a la sociedad que te encumbró y te hizo millonario. Ahora ni eso. Tu ambición es tan vieja como la humanidad. Amas amasar riqueza y en ese credo no tiene cabida la corresponsabilidad con tus paisanos en buscar el bien común. Quizá ocurre que no tienes conciencia social, porque vives en una habitación, pegado a un ordenador, y pensando que ese es el único mundo, y que tú eres su dios.

El único consuelo para los que nos quedamos aquí sin abandonar el barco, es que cuando dejes de ser “El Rubius” y vuelvas a ser Rubén Doblas, y te hagas mayor, no tendremos que pagar tu pensión, ni tu asistencia sanitaria, ni tus medicamentos, ni la posible dependencia, ni cualquier otra atención. Aunque, quién sabe, las fortunas también se malogran y la vida da muchas vueltas. Dice el refrán: Todo lo que sube, baja. Sea como sea, entonces, no vengas a España. Ten dignidad, quédate en Andorra, y no vengas aquí a vivir de gorra.

15 de enero: «DIFERENTE» en todas las plataformas digitales

15 de enero: «DIFERENTE» en todas las plataformas digitales

A largo de las próximas semanas toda mi discografía (16 discos y otros estrenos.. Más de 200 canciones), gradualmente, estarán disponibles en las mayores plataformas digitales, gracias al sello Santafe.

El 15 de enero lanzamos «Diferente’. Fue mi tercer trabajo discográfico, corría 1998. Firmé con la editorial San Pablo e hicimos un disco muy currado, con grandes músicos y arreglistas, para llegar también al corazón de los que viven al margen de la fe. Con el apoyo de Cadena Dial me permitió cantar en pubs, universidades, salas culturales…

Se distribuyeron miles de Cds y Cassetes, entonces no había redes sociales… Os ánimo a disfrutarlo en vuestra plataforma digital preferida partir del 15 de enero. Hay canciones inolvidables como «boquita de fresa» a mi hija Miriam, «dos o tres» un canto a la amistad verdadera, «nada nuevo tras de ti» un relato de amor vital, «Telaraña» sobre las contradicciones de los tiempos en los que vivimos, «Diferente» un canto a la libertad… Besotes.

Asalto al capitolio, análisis de Nico Montero

Asalto al capitolio, análisis de Nico Montero

El último asalto de Trump

Nico Montero

“Asalto al Capitolio” sería perfectamente el título de un film de la industria americana, aderezado con tramas indignas propias de las cloacas de un Estado, con conspiraciones a varias bandas, y mucha, mucha acción, protagonizada por estrellas de Hollywood. Sin embargo, no es el caso. Había que frotarse bien los ojos ante los noticiarios para tomar conciencia de que el Capitolio de Washington estaba siendo asaltado, mientras se desarrollaba la sesión plenaria más importante de las posibles. Al tiempo que la Cámara de Representantes y el Senado realizaban una sesión conjunta para confirmar la victoria de Joe Biden, miles de seguidores de Trump irrumpían en el Capitolio como unos auténticos vándalos. Algunos eran Proud Boys, el grupo de supremacistas blancos al que Trump alienta. Pero muchos, y esto preocupa, eran ciudadanos corrientes, personas enfurecidas que sienten se les ha usurpado la constitución.

El templo, símbolo de la democracia más antigua de la modernidad, había sido ultrajado, y con ello, la insurrección pretendía quebrar sus procesos y sus reglas. Entraron en el Capitolio rompiendo una ventana, metáfora de la fragilidad de toda democracia, si no se cuida y protege. Se trata de un hecho histórico (la democracia de Estados Unidos jamás había vivido algo parecido) y también de un aviso al resto de democracias mundiales.

Trump ha alimentado con mentiras y empecinamiento el relato del robo de las elecciones, generando entre sus seguidores un espíritu colectivo de desafección hacia las instituciones. Es el caldo de cultivo perfecto para un populismo mesiánico, que enarbola la bandera de la rebelión conservadora, poniendo en práctica el ideario de Trump para recuperar un poder que se aprecia arrebatado. No conviene pasar por alto que ciertos medios de comunicación llevan cuatro años alimentado las distorsiones y las falsedades. De aquellos barros estos lodos.

No es para tomar a la ligera lo que está ocurriendo. Trump cuenta con 74 millones de votantes y 89 millones de seguidores en Twitter. ¿Tantos millones de personas están equivocadas?  Salvo algunas voces, sorprende el silencio republicano de tantos senadores y congresistas hechizados por Trump. En un país con 400 millones de armas, da vértigo la admiración de tantos adeptos que siguen y no cuestionan a su líder.

¿Cuál es el objetivo de Trump? Creo no equivocarme al pensar que ha incendiado y avivado las llamas de la crispación como el arranque necesario de su nueva campaña electoral. Donald Trump no puede ni quiere asumir el papel de perdedor. Toda esta vergonzosa tangana es una estrategia para quitarse de encima la etiqueta de “perdedor” y aceptar una más ventajosa, la de “víctima” de un injusto robo. Mejor ser mártir de la causa conservadora de Estados Unidos que ser un vencido. Así, podrá alimentar su particular parusía, la segunda venida de su liderazgo mesiánico y escatológico.

Durante el asalto Trump fue detrás en todo. El presidente vigente no llamó a la calma por televisión y cuando compareció, volvió a repetir otra vez el mantra del robo. Joe Biden tuvo que tomar la iniciativa y adelantarse, con sus intervenciones y llamadas a la calma, a la investidura del próximo día 20 de enero.  Algunas voces piden que se articule la aplicación de la enmienda 25 de la Constitución de los Estados Unidos, que autoriza al vicepresidente y a la mayoría del gabinete a declarar al presidente “no apto” para ocupar el cargo. A dos semanas de abandonar la Casa Blanca parece no tener sentido, pero lo ocurrido no puede quedar impune.

Mientras se resuelve el futuro de Trump, la papeleta que le queda a Joe Biden no es moco de pavo: Enfriar la elevada temperatura del clima social, desarmar la polarización beligerante y construir lazos que vertebren la unidad que se ha malogrado en los desunidos estados de América. Buena suerte, presidente Biden. Ojalá éste haya sido el último asalto de Trump.

Mis 12 uvas cargadas de sentido

Mis 12 uvas cargadas de sentido

Mis doce uvas cargadas de sentido, Nico Montero

Publicado en LA VOZ DE CADIZ, 27/12/2020

(Para los amigos de otras nacionalidades: En España despedimos el año comiendo 12 uvas al son de las campanadas que despiden el año saliente e inauguran el nuevo año)

A cuatro días de que se acabe este 2020, uno tiene la sensación de estar viviendo esa escena tan recurrente en las películas de antaño, cuando el reo iba contando los días de condena con los trazos de una tiza sobre la pared de la celda. La cuenta atrás del reloj de la Puerta del Sol se ha vuelto anecdótica comparada con la gran cuenta atrás que se vive en todas las latitudes, donde se percibe el final del 2020 como un necesario portazo a un año para olvidar. Puede que celebrar el fin de año sea una artimaña psicológica para autoconvencernos de que ponemos fin a algo que no se ha ido y sigue ahí, pero necesitamos despedir este año con el mismo fulgor de quien huye de la escena de una traición, dejando atrás un doloroso pasado. Necesitamos pasar la página del calendario porque la célebre curva es un eterno retorno de lo mismo y es preciso encontrar una salida de emergencia para no adentrarnos en la desesperanza y el hastío.

Este año las uvas adquieren un valor trascedente y casi sacramental, asumen una carga de simbolismo de sobrada intensidad vital. Serán mucho más que pequeños frutos de la vid. En cada una de las doce metafísicas uvas, campanada tras campanada, mientras se desvanece el miserable año de pesares y las agujas del reloj avanzan hacia lo incierto por estrenar, se cerrarán las puertas a muchas estancias de dolor acumulado y se abrirán ventanales de aire fresco para abrazar el nuevo año como una oportunidad de recuperar lo mejor nuestra vida: la cotidianidad tejida con abrazos, y la proximidad que nos hace reconocernos en los demás y ser parte de una historia compartida. Aunque sea solo una ilusión y un anhelo, una treta para mantenerse en pie y seguir caminando, hay que comerse las uvas para que no nos coma el hartazgo que inmoviliza y nos tumba en la lona, cuando aún queda combate y no está todo perdido. Este año quiero dotarlas de sentido y te animo a que hagas lo mismo y nos confabulemos juntos en una red de esperanza y fortaleza, al son de las campanadas.

Esta Navidad se vive con un nudo en la garganta por los que han muerto en esta cruel coyuntura, por eso, la primera uva será por los que ya no podrán comerla con los suyos y por los que siguen muriendo en estos días. La mayoría de ellos ancianos. Muchos encontraron el ocaso en residencias que dejaron de ser la promesa de un vergel y se convirtieron en trampas donde algunos de nuestros mayores quedaron abandonados a su suerte. Brindo por los abuelos y las abuelas que nos acompañan desde el cielo porque la tierra no les fue ni leve ni generosa.

Vaya la segunda por los sanitarios que tuvieron que tragarse el miedo y plantar cara a un enemigo desconocido y sin escrúpulos. Desarmados por la carestía de medios, dirigidos por la improvisación y sujetos a la vergonzosa política sanitaria, muchos enfermaron y otros tantos murieron al pie del cañón.

En la tercera campanada haré memoria de las fuerzas de seguridad, la U.M.E. y los bomberos. En sus filan cuentan con muchas bajas por culpa del bicho y han tenido que hacer trabajos muy desagradables, y en algunos casos con la ingratitud como respuesta. Vigilar confinamientos y toques de queda, controlar cierres perimetrales, desinfectar zonas contaminadas, enfrentarse a los negacionistas y a los irresponsables velando por la seguridad de todos. No olvidaremos nunca cómo alegraron las calles desiertas del confinamiento, cuando cada día, a las ocho de la tarde, sus sirenas se convertían en un homenaje a la ciudadanía responsable y cabal.

Mi cuarta uva por los transportistas y los trabajadores de servicios indispensables. Camioneros y cajeros, reponedores y fruteros, carniceros y panaderos, farmacéuticos y barrenderos, equipos de limpieza… Eran los únicos seres humanos, fuera del núcleo familiar, con los que uno se relacionaba en tiempos de confinamiento. Verlos trabajar y atendernos con tanta diligencia, cuando estábamos enclaustrados viviendo algo tan inaudito e incierto, fue un testimonio de vida que alentó la fe y nos hizo sentirnos protegidos por una red de personas que, en primera línea, sacaba lo mejor de sí mismo para abastecernos no solo de víveres, sino de esperanza y serenidad.

En la quinta campanada, mi reconocimiento por la ciudadanía que supo estar a la altura de las circunstancias y que sigue estándolo cada día, asumiendo la responsabilidad del momento con solidaridad y sentido común. Hay muchas historias anónimas de solidaridad en cada barrio, en cada comunidad de vecinos, en cada familia, toda una red de gente buena haciendo buenas cosas. De entre esos ciudadanos, destacan los científicos, trabajando frecuentemente con escasos recursos y en la intemperie presupuestaria, que han hecho posible el milagro de que hoy mismo comience la esperada vacunación y el principio del fin de esta pesadilla.

Con la uva sexta, mi ovación para los centros educativos. Mientras para cualquier gestión ha sido necesaria la cita precia, el trato individualizado, o la atención telefónica, el profesorado y el personal de servicios tuvo que sobreponerse al lógico respeto que da encerrarse en discretas y pequeñas aulas con 25 o más alumnos diferentes cada hora, durante jornadas de hasta seis horas diarias. Era el momento de asumir la enorme tarea y responsabilidad social de los maestros y maestras de escuela, los profesores y profesoras de aquí y de allá, echándose a las espaldas la custodia mañanera de tantos niños y niñas, adolescentes y jóvenes, en tiempos de pandemia.

Llegados a este punto, me quedan seis uvas por comer y con éstas igual me atraganto, porque el ritmo de las campanadas es vertiginoso y no da tiempo a masticar con solvencia. Son las uvas indigestas, las que cuestan tragar, pero de las que también hay que dar cuenta para desear que en el 2021 haya cosas que no vuelvan a suceder. Mi último racimito de seis uvas son: para que no haya más mujeres asesinadas a manos de la violencia machista, para que los mares y océanos sean solo fuente de vida y no tumbas de quienes buscan la tierra prometida, para que no haya carestía y penurias en tantas familias que no llegan ni a mitad de mes por los efectos económicos de esta crisis, para gritar “No a la trata de personas y a la explotación sexual”, para que la educación y la sanidad no se frivolicen con leyes partidistas en cada legislatura y se dote de los recursos humanos y materiales que nos merecemos como país.

Y por último, que ya van once, casi sin aliento, mi última uva va por ti, que lees esta tribuna ahora. Esta pandemia nos ha recordado que estamos unidos por el mismo destino, entrelazados y enredados en una aldea global que no es tan grande. No me eres ajeno, y lo que te ocurra a ti me afecta y me importa, porque tu camino y el mío se cruzan, y lo bueno o lo malo se trasmite y propaga, y tu suerte o infortunio son el mío. La Pandemia nos ha recordado nuestra fragilidad, pero al mismo tiempo, cuanto nos necesitamos. Aquí me tienes.