Maranatha, Nico Montero

Maranatha, Nico Montero

En este “Maranatha” intentamos conectar nuestra súplica con el grito de tantos hermanos víctimas de la injusticia, la explotación y la opresión. Nuestra esperanza no es pasiva ni egoistona. Es activa, solidaria y dinámica. Pedimos que Venga el Señor y su Reino de Justicia, y preparamos el camino al Señor con nuestro compromiso vital y sincero con los más desfavorecidos y con quienes nos topamos en lo cotidiano. El adviento es mucho más que encender cuatro velas. Es comprender de una vez por todas que Dios se encarna en Jesús, y en ese misterio, estamos llamados a descubrir en cada ser humano el rostro de Dios, y a encarnarnos en los tiempos, en las realidades donde estamos llamados a ser anuncio de la Esperanza, con nuestra fe y con nuestras obras.

Mi ovación para los centros educativos. Balance de un trimestre inaudito.

Mi ovación para los centros educativos. Balance de un trimestre inaudito.

Mi ovación para los centros educativos. Balance de un trimestre escolar inaudito

Publicado en LA VOZ DE CÁDIZ, 11-12-2020 Nico Montero

Si este tiempo es incierto, más lo era el pasado uno de septiembre, cuando los centros educativos abrieron sus puertas para acoger a miles de estudiantes que volvían a las aulas, y esta vez, rara vez, con una ilusión inaudita. Después de seis meses alejados de la escuela, de sus patios, testigos atemporales de mil aventuras y complicidades, del bullicio vital de los pasillos… al fin volvían para reivindicar un espacio que es mucho más que un lugar, es una casa, su casa, y para algunos, por cosas de la vida, la primera en la que se han sentido protagonistas de algo.

Con mucha dedicación, imaginación y creatividad, los equipos directivos diseñaron planes y protocolos para plantar cara al bicho y ponérselo muy difícil, creando espacios seguros e inspirando la confianza de las familias. En esta encrucijada, el profesorado y el personal de administración y servicios, tuvo que tragarse el miedo y sobreponerse al lógico respeto que da encerrarse en discretas y pequeñas aulas con 25 o más alumnos durante jornadas de 5 o 6 horas diarias. Era el momento de asumir la enorme tarea y responsabilidad social (siempre tan fácilmente criticada y denostada) de los maestros y maestras de escuela, los profesores y profesoras de aquí y de allá, echándose a las espaldas la custodia mañanera de tantos niños y niñas, adolescentes y jóvenes, en tiempos de pandemia.

Ha sido sorprendente lo bien que lo han llevado los chicos y chicas de todas las edades y niveles educativos. Son los que más esfuerzo han tenido que hacer, porque en pleno crecimiento, cuando más explosivo y vitalista se es, han tenido que canalizar toda su energía, primero en un confinamiento, después en las estrictas rutinas cotidianas de los centros educativos. Desde el minuto uno han sido disciplinados y obedientes, han aceptado soportar la larga jornada escolar con sus mascarillas, han respetado los protocolos, las distancias, asumiendo recreos sin juegos, sectorizados, separados… como si de un patio de prisiones se tratara. Y ahora que asoma el cambio de tiempo y las ventanas abiertas se convierten en un insufrible castigo, sobrellevan el frío con deportividad. El otro día vino a mi despacho (para quien no lo sepa soy Director de Instituto) un chico para hacerme una consulta, venía pertrechado con su bata de cuadros azules. Les hemos dejado traerse batas y mantas de casa, ya solo les faltan las babuchas. Ahora más que nunca van por el centro como si fuera su casa. ¿Acaso no lo es?

Si el profesorado y el alumnado han superado este reto con sobresaliente, las familias no se han quedado atrás. Han tenido que superar los miedos iniciales, humanos e involuntarios, y confiar en los centros y en los docentes. Han aceptado las directrices del servicio de epidemiología y de las direcciones educativas, y poco a poco, han aprendido a no dejarse llevar por bulos vertidos en los inoportunos grupos de Whatsapp, y a no dejarse arrastrar por un ataque de pánico cuando se daba un positivo en un aula, o cuando tocaba hacer cuarentenas preventivas y esperar resultados.

Creo firmemente que los centros educativos han sido el gran motor que ha generado mayor disciplina social. Los hábitos inculcados en la escuela han transcendido a ésta y han consolidado rutinas y valores que han sido asumidos por la mayoría de los alumnos en su vida diaria. Y a su vez, se han proyectado a las familias, a los barrios, a las ciudades, como una red de transmisión de valores que asienta su caudal en todos y en todo lo que hacemos. Nadie saldrá a los balcones a aplaudirles, pero vaya desde aquí mi ovación sentida y sincera a todos los centros educativos.

7 de Diciembre Gran Concierto de Adviento

7 de Diciembre Gran Concierto de Adviento

Tuve la fortuna de participar en el año 2012. Me desplacé a Zaragoza con toda mi banda y pude experimentar en primera persona una iniciativa espectacular en todos los sentidos. El Festival EsperanzaARTE es una plataforma privilegiada capaz de vertebrar numerosas acciones que ponen en valor el arte cristiano como herramienta estratégica para la evangelización. *El lunes 7 Diciembre gran concierto*

¿vacunas voluntarias? Nueva columna de Nico en LA VOZ DE CADIZ

¿vacunas voluntarias? Nueva columna de Nico en LA VOZ DE CADIZ

¿Vacunas voluntarias?

¿Se puede dejar al libre albedrío algo en lo que nos jugamos tanto?

Publicado en LA VOZ DE CADIZ, 27 de Noviembre 2020

Nico Montero

En los últimos días se van sumando vacunas a la propuesta de soluciones a una pandemia que nos ha dado un baño de realismo existencial y nos ha recordado, con mucha dureza y crueldad, que somos seres vivos, con gran capacidad para la cultura, pero tremendamente biológicos, sujetos a la intemperie de una condición natural que nos hace frágiles ante virus microscópicos, pero capaces de derribarnos como David a Goliat, pero sin el honor de una batalla leal, sino con la traición de una puñalada trapera que se ceba con el más débil.

Al son de las esperanzadoras noticias, los gobiernos diseñan estrategias de vacunación. Se hace público el calendario de la esperanza. Este año la primavera irrumpe en enero, que ha dejado de ser un frio e insípido mes invernal para convertirse en el comienzo de una victoria global ante el mayor reto que muchas generaciones vivirán. Los primeros en recibir la inmunización serán los residentes y el personal sanitario en residencias de mayores y discapacidad. Después, el resto de personal sanitario y los grandes dependientes. El resto de grupos se abordarán en las siguientes fases. Sobre esto algunos expertos, aportando análisis matemáticos, opinan que el orden debería ser otro y empezar por los grupos que tienen más interacción y vida social. Ahí dejo el debate para otro análisis.

En esta encrucijada, en Huesca, B.D, una empresa de tecnología médica líder en el mundo, saca músculo y se compromete a fabricar 400 millones de jeringuillas para surtir a España y otros países. Dicen que contamos con más de 13.000 puntos de vacunación con dilatada experiencia. Parece que todo juega a favor. En este punto, nuestro gobierno matiza que las vacunas se dispensarán con carácter voluntario. ¿Voluntario? Según la RAE voluntario es “un acto que nace de la voluntad, y no por fuerza o necesidad extrañas a aquella”. Y me pregunto, ¿no es una fuerza mayor y una necesidad extrema garantizar la vacunación de todos cuando nos azota una pandemia que ha matado ya a más de 40.000 españoles?

¿Por qué es voluntario? ¿Acaso son voluntarios el uso de mascarillas, el toque de queda, el cierre de comercios, los cierres perimetrales y los confinamientos? ¿Son voluntarios pagar la cuota de autónomos, hacer la declaración de la renta, pagar el impuesto de bienes inmuebles y el de matriculación? ¿Son voluntarios que los menores de 16 años asistan a la escuela, poder fumar en cualquier espacio, comprar alcohol a partir de las 22.00h y respetar las normas de circulación?¿Qué argumento hay para dejar al libre albedrío algo en lo que nos jugamos tanto? ¿Da miedo el impacto estético de una vacunación obligatoria? ¿Acaso la mayoría de españoles no hemos sido dóciles a cada decisión que coartaba nuestra libertad? Un Estado de derecho se dota de normas para que el bien colectivo prime sobre cualquier interés particular. Según algunos estadistas, de ser voluntaria, en España un 25% de la población no se vacunaría. ¿Podemos permitir que millones de españoles no reciban la inmunización y se conviertan en candidatos a contagiarse y a contagiar? ¿Y si soy del 5% a los que la vacuna no hace efecto?

Decía hace unos días el omnipresente Fernando Simón, qué si un porcentaje alto de la población se negara a vacunarse, Sanidad podría decretar la obligación. Parece que el parche está preparado, pero ¿para qué arriesgarse con una decisión a destiempo cuando se tienen las herramientas y la legitimidad para garantizar el cumplimiento desde el primer momento?